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El silencio de los grandes medios sobre la ONU.

Josep Xercavins i Valls *“La Conferencia sobre la crisis: un momento clave para el futuro de la ONU” y/o “Los medios poderosos de comunicación callan acerca de lo que sucede en la ONU”

Estamos a unos muy pocos días de que empiece en la sede central de la ONU en Nueva York la “Conferencia sobre la crisis financiera y económica mundial y sus impactos sobre el desarrollo”, que tendrá lugar del 24 al 26 de Junio.

No es posible predecir en estos momentos como acabará la conferencia; pero empieza a entreverse, tanto por el proceso que ha llevado a ella (con dos personajes referentes en mayúsculas: D’Escoto y Stiglitz), como por el estado y los contenidos de la negociación en estos momentos, que, al final, tal vez pueda hablarse de un antes y un después “histórico” de la Conferencia: a) tanto por lo que se refiere a futuras actuaciones en relación a la crisis global; b) como por lo que se refiere al propio futuro de la ONU -concretamente sobre su papel, o no, en la gobernanza de lo financiero y económico; c) y finalmente, pero no en menor medida, en relación al papel de los medios poderosos de comunicación con respeto a todo ello. En este texto me ceñiré solamente a los dos últimos aspectos.

“Los medios poderosos de comunicación callan acerca de lo que sucede en la ONU”

¡Qué lástima! Habría, había y hay tanto que explicar, analizar, discutir, etc. sobre estos momentos, que no puedo más que expresar mi indignación contra una de las manipulaciones mediáticas más importantes de los últimos tiempos: el “insoportable” silencio de los medios poderosos de comunicación alrededor de esta Conferencia de la ONU. Insoportable, sobre todo, porque es un silencio que sólo “se escucha” en el lado de los más ricos y poderosos. Dos ejemplos diametralmente distintos para justificar estas afirmaciones.
1. Los medios poderosos de comunicación no han podido desprestigiarla; el New York Times publicaba, el 24 de mayo pasado, un artículo muy duro, firmado por NEIL MacFARQUHAR, donde D’Escoto era calificado, de entrada, como: “a ranking Sandinista and the fractious president of the United Nations GA”. Todo el mundo puede leerlo y hacerse su propia opinión. La tergiversación viene, sobretodo, cuando la información de que D’Escoto esta basando sus propuestas en el informe de la “Comisión Stiglitz” (mucho menos caricaturalizable), no puede leerse hasta el mísmisimo final del artículo al que, por supuesto, cuesta mucho en llegar.
Pero lo realmente interesante de este hecho es que, curiosamente, no encontró eco en los medios poderosos de comunicación. Se ha preferido, incluso, silenciar que vilependiar. A mi juicio, les era más peligroso, para sus intereses, que se empezase a hablar de ello y que, por lo tanto, al final, alguien hablase también de los contenidos y quizás se entusiasmase con ellos.

2. Un artículo del mismo autor que escribe ahora estás lineas, publicado solamente en el “Other News” de Robero Savio (cuyo lema -que ahora “he plagiado”- es una frase aparecida en el muro de la vieja aduana de Barcelona, a comienzos del 2003: “Lo que los muros hablan, los medios callan”), ha sido re-publicado en algunas miles de páginas web del mundo de habla hispana (la versión inglesa me llego tarde y, en aquel momento, no me pareció oportuno intentar distribuirla -ahora me arrepiento). Su título era: “Del G20 al G192 -la ONU-: ¿Por fin una respuesta a la altura de la crisis”.

Está claro que, en este caso, no es el nombre del autor (un total desconocido) el que ha llevado a este nivel de auto difusión en la red; solo puede ser debido al interes que despierta el tema en sí. Por lo tanto, y para utilizar el vocabulario hegemónico que hay detrás de la crisis, “mercado” si que había y hay para el tema. ¡Por supuesto!. En definitiva, una vez más, lo que no ha interesado es que se hable de ello, que se vislumbre quizás una alternativa real a la hegemonía citada.

Dejando a parte lo grave que es intrínsecamente el hecho en si, lo realmente grave es que ha urtado a la ciudadanía mundial de la información necesaria para hacerse una opinión propia y presionar o no, y en un sentido o en otro, sobre lo que se viene debatiendo y negociando estos días en la ONU. Los representantes de los estados mantienen, en consecuencia, uno de los procesos más importantes de los últimos tiempos dentro de la ONU sin, prácticamente, luz ni taquígrafos. La única luz y taquígrafos la ofrecen las organizaciones de la sociedad civil que, bajo el nombre “Global Social and Economic Group – Global Crisi Group”, intentan seguir, incidir e informar sobre lo que está sucediendo en los “head quarters” de Nueva York. Ello me permite a mí, por ejemplo, escribir este texto pero, desgraciadamente, la fuerza de la opinión pública no habrá podido llegar ni llegará a tiempo.

No es este el momento de profundizar en ello, pero está cada vez más y más claro que uno de los grandes problemas que debe resolverse, desde la vertiente de la “alter-mundialización”, es el de garantizar la libertad y el derecho a una información veraz y plural de lo que sucede en el mundo.

“La Conferencia sobre la crisis: un momento clave para el futuro de la ONU”

La crisis global en la que estamos es tan importante que otra de las dimensiones que ha abierto es la de la gobernanza mundial. Como mínimo la crisis juega i jugará un papel muy importante en determinar que actores “institucionales”, que relaciones multipolares internacionales, que organizaciones multilaterales, etc., queden más o menos bien posicionados en el apartado político del “tsunami financiero económico”.

Para los países ricos y poderosos – donde, justamente, se gestó y desarrollo la crisis, sus causas y sus primeros efectos- lo ideal hubiese sido, y sigue siendo, que tampoco nada importante cambiase en lo político. Con un Bush “muerto” cual “Cid Campeador”, el actual napoleón francés, Sarkozy, organizó la primera “fiesta” del G20, como hábil manera de que todo cambiase para que, como siempre, no cambiará nada.

Una reunión extraordinaria del G8 es lo que hubiese procedido realmente. Ellos (unos más que otros) eran los responsables de lo que sucedía y a ellos les tocaba, por lo tanto, asumir las correspondientes responsabilidades políticas y empezar por arreglar sus casas.
Un comunicado emitido por el Foro UBUNTU, antes de la primera reunión del G20, creo que planteaba adecuadamente algunos de los pormenores de la situación, cuando hacía constar:

1. Nuestra perplejidad porque los protagonistas principales de que este modelo se haya impuesto durante unos 25 años, el G7 y las Instituciones de Bretton Woods (el FMI y el BM), aparezcan ahora como los salvadores del desastre cuando deberían aparecer como culpables, en buena medida, y en consecuencia asumir las responsabilidades que les correspondan.
2. Nuestra indignación ante la convocatoria de la reunión del 14 de noviembre en Washington por, entre otros, los siguientes motivos:

a. Que sea justamente “Washington”, cuna del Gobierno y de las Organizaciones políticamente más responsables de lo que está sucediendo, quien convoque la reunión.

b. Que a la reunión se invite de forma totalmente arbitraria y discriminatoria. Como si, por ejemplo, los países más pobres, que más han sufrido este modelo y, probablemente, más vayan a sufrir las consecuencias del actual descalabro, no tengan nada que decir sobre qué hacer ahora y en el futuro.

c.Que, en cambio, no sólo no se aproveche, sino que se “ensombrezca” la Conferencia de Doha sobre la Revisión de la Implementación del Consenso de Monterrey sobre la Financiación para el Desarrollo, prevista para los próximos 29 de noviembre al 2 de diciembre, especialmente cuando este Consenso tiene un apartado de temas sistémicos — estructurales, sobre el que se viene trabajando desde hace meses en el marco más plural y transparente de Naciones Unidas y que, convenientemente revisado y ampliado en el actual contexto, podría contribuir a abrir las puertas del camino hacia un nuevo modelo económico y financiero mundial.

Claro esta que la reunión del G20 paso como paso (sobretodo como un gran fuego de artificio mediático y totalmente desmobilizador de un posible movimiento contestario), y que la Conferencia de Doha 2008 quedo, desgraciadamente y según lo previsto, prácticamente en nada.

Sin embargo la história (de momento en miniscúlas) tiene sus propios recovecos y la Asamblea General de Naciones Unidas esta presidida, desde septiembre pasado -aunque la elección propiamente se realizara, como es procedente, meses antes- por el Padre Miguel D’Escoto. A su empeño hay que atribuir ya, primero, la osadía de abrir una ventana, distinta de la del G20, para mirar, analizar y proponer sobre la crisis: la “Comisión Stiglitz” (creada ya, por cierto, pocas semanas antes que la primera reunión del G20), y, segundo, el conseguir introducir en la Declaración de Doha 2008 el siguiente artículo:

79. Las Naciones Unidas celebrarán una conferencia al más alto nivel sobre la crisis financiera y económica mundial y sus efectos sobre el desarrollo. La conferencia será organizada por el Presidente de la Asamblea General y sus modalidades se definirán a más tardar en marzo de 2009.

No habrá sido en marzo, tampoco fue la primera semana de junio, pero ahora ya parece imposible que no sea la próxima última semana de este mes. Ya habrá tiempo para relatar la carrera de obstacúlos que se habrá realizado para, como mínimo, llegar hasta el final.

Aunque lo que consiguiera aprobar D’Escoto fuese el artículo anterior, cuya lectura restrictiva impediría a la Conferencia tratar más allá de los efectos de la crisis sobre el desarrollo (argumento reiteradamente puesto -aún actualmente- en las mesas de negociación por parte, entre otros, de los EEUU y de Europa, que no quieren que la ONU hable de otra cosa que no sea de los países en desrrollo), “nuestro Padre D’Escoto” no ha dejado pasar la oportunidad y ha puesto toda su energía en, precisamente, trasnformar la Conferencia en el hito, posiblemente “histórico”, que pondría a la ONU al frente de la governanza de los temas financieros y económicos mundiales. Citando al propio Padre D’Escoto en unas declaraciones al Gramma cubano (lo que denotaría, o bien una cierta ingenuidad, o bien un exceso de confianza, …):

Estamos ante una situación totalmente inédita. Hay que recordar que a la Asamblea General le estaba prohibido prácticamente inmiscuirse, hablar sobre el tema de las finanzas internacionales, de la economía mundia; esos temas eran reservados para el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Organización Mundial de Comercio (OMC), eso ha sido siempre así. Pero esta situación no puede continuar….De manera que esta convocatoria que hemos hecho para junio sería la primera oportunidad en la historia de Naciones Unidas en que estamos diciendo: “vengan toditos”.Estamos en el siglo XXI, el siglo de la reconciliación —tiene que serlo— y de la inclusividad democrática. No queremos que sean solo un G-8 o un G-20 los que hablen y decidan, respetaremos criterios, los escucharemos, pero en una real democracia la mayoría es quien decide, por eso empecé a hablar de que la que debe imponerse es la voz del G-192, de todos los miembros de la ONU. … Así que hay buen ánimo para el encuentro, el cual se ha convocado al máximo nivel, porque esta batalla hay que darla en las Naciones Unidas, para que democráticamente se pueda participar en el diseño de la nueva arquitectura financiera, económica, monetaria y comercial mundial. Eso es lo que pretendemos hacer. Pienso que el encuentro de junio será considerado como la primera sesión de una reunión que se mantendrá abierta.

Pues sí, efectivamente, lo que se está negociando estos días en la ONU es el propio papel que debe tener la organización en la gobernanza de lo financiero y de lo económico. Por lo tanto, estamos ante una oportunidad probablemente irrepetible, a corto y medio plazo, de conseguir que la ONU deje de ser, principal pero solamente, el resultado complejo y contradictorio de:
a) el lugar físico donde se aloja el Consejo de Seguridad de los vencedores de la 2ª guerra mundial; b) el referente principal del derecho internacional alrededor de las Declaraciones de los Derechos Humanos; c) una agencia humanitaria imprescindible, pero muy mejorable como todo lo humano; d) etc.
para pasar a ser, además, una verdadera institución de real gobernanza democrática mundial (que sólo se consigue y ejerce cuando lo político decide sobre lo financiero y económico), expresión de la capacidad de consenso, que sea y cuando sea posible, de los estados del mundo, o resultado de mayorías democráticas construidas entre ellos en el seno de la Asamblea General. Huelga decir que la habitual crítica sobre la legitimidad democrática de una Asamblea General de la ONU en la que cada estado tiene un voto, refleja una clara insuficiencia a superar (no objeto tampoco de este texto), pero que, de momento, la realidad corrige actualmente de forma habitualmente sabia, porque, como es bien sabido, las decisiones verdaderamente importantes reflejan siempre las posiciones relativas de los grandes grupos multipolares del mundo actual (EEUU, Europa, G77 +China -140 países en desarrollo-, Rusia, etc.).

Y, finalmente, si escribo estas líneas hoy y ahora es porque observo dos signos esperanzadores en relación a todo ello:

1) Una cierta recomposición del G77 (el grupo de 140 países que suele negociar en conjunto a modo de voz de los países en desarrollo) que, recuperando sus preciados miembros que han compartido mesa y mantel con los países ricos y poderosos del mundo en el G20, hace piña, por ejemplo, alrededor de propuestas como la de la creación de una especie de Consejo de Seguridad Económico, o como la de revisión del acuerdo nefasto (una especie de pecado original -posterior germen del neoliberalismo- de las organizaciones multilaterales internacionales) entre la ONU y las Instituciones de Bretton Woods que, precisamente, las pudiese llegar a situar bajo una supervisión y coordinación política real y efectiva de un empoderado ECOSOC.

2) Que, a pesar de mi posicionamiento nunca neutral y siempre a favor de los intereses de los más débiles del mundo, puedo apreciar, sobre todo si llega a buen recaudo, que los EEUU de Obama, eh incluso una Europa sin rumbo, se hayan dejado (no sin resistirse mucho) arrastrar a discutir y negociar sobre todos estos temas por la fuerza inmedible y tal vez inmaterial de “nuestro Padre D’Escoto”.

*Profesor de la Universidad Politècnica de Catalunya; ex coordinador del Secretariado del Foro UBUNTU

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