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Asesinato de compatriota en Villa Soldati: Lo que tienen en común Macri y la derecha Paraguaya

Al servicio de las élites. El Estado paraguayo, conformado históricamente a la medida de los intereses de las fuerzas más reaccionarias y antipopulares del país, viene expulsado en forma masiva desde 1947 a buena parte de la población.

El exilio político y la emigración forzada por razones económicas ha sido uno de los mecanismos más eficaces para asegurar la continuidad de un ordenamiento socioeconómico fundado en la concentración extrema de privilegios y recursos para unas pequeñas elites empresariales/partidarias, y el empobrecimiento masivo, la falta de oportunidades y la humillación cotidiana de la sobrevivencia para la mayoría de los paraguayos y paraguayas.

En la actualidad  -y en su propia ¿patria?- más de 300.000 familias campesinas están privadas de tierras en el Paraguay;[1] mientras, 700 propiedades  sojeras concentran el 35% del total de la tierra cultivada en el país.[2] Cada año, más de 18.000 familias trabajadoras rurales son expulsadas hacia las ciudades, forzadas por la pobreza, las fumigaciones con agrotóxicos y la absoluta falta de políticas de arraigo que generen condiciones básicas para sostener la vida en el campo.[3]

Los “ciudadanos/vecinos” y los sin derechos

Como han venido denunciando los movimientos sociales en Argentina, la gestión del PRO con Mauricio Macri se ha caracterizado por profundizar las brechas sociales, incentivando los negociados privados, mientras se privaba de presupuesto y se desmontaban las políticas sociales en materia de salud, educación, vivienda y asistencia emergencial a poblaciones en situación de extrema pobreza que existían en la ciudad de Buenos Aires.

En el caso paraguayo, el Parlamento Nacional sigue sancionando leyes que garantizan la acumulación extrema de capital para las empresas transnacionales y sus agentes nacionales, organizados estos en cámaras que se reivindican como la expresión del Paraguay “productivo, industrial y comercial”. Mientras, el pueblo debe peregrinar a rezar por un empleo, por no enfermarse y necesitar una cama en terapia intensiva, o  porque un milagro le permita a quien es joven terminar sus estudios o poder cursar la carrera que sueña.

Fotografía del portal lavoz.com.ar

El Neo Populismo: el problema no es la pobreza sino los pobress

En Paraguay, el vicepresidente de la República, el Ministro del Interior, el Fiscal General del Estado, los senadores/as y diputadas/os de los  partidos conservadores, coinciden con el gran empresariado y la Corte Suprema de (in)Justicia en que el problema paraguayo son los paraguayos. Las campesinas y campesinos “que se resisten a progresar; gente (de mal) que ocupa tierras de personas de bien”. Por ello, se justifica que el Estado siga teniendo un presupuesto social que avergüenza, mientras se exacerba el clamor por mano dura contra los pobres.

El Informe de la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay presentado hace dos días, denunciaba las decenas de desalojos forzosos sufridos este año por comunidades de paraguayas y paraguayos de manos del aparato represivo de su Estado nacional. Como muestra patente de la ciudadanía nominal que portan los pobres, a los fiscales, policías y militares connacionales no les bastó con sacar a las familias de sus viviendas, hubo torturas, golpes, quema de ropas, de cultivos. La derecha paraguaya, y sus medios de comunicación hegemónicos, coinciden de este modo con el Jefe del Gobierno Porteño, quien ha sostenido públicamente que el problema de Buenos Aires son los inmigrantes (pobres); no los europeos claro, sino los bolivianos(as), peruanos(as) y paraguayos(as).

“Haraganes, violentos y manipulados”

Con el mismo discurso que en Paraguay se emplea para legitimar ante los ojos de la sociedad la represión de los excluidos del sistema, de los campesinos que ocupan tierras y los indígenas que “ensucian” plazas para ser vistos; Macri y su gabinete han fomentado la imagen del “otro”, ese aquel no tiene nada en común con uno y que se caracteriza por  su condición de  “ignorante, haragán que encuentra una salida fácil en la usurpación de bienes privados o estatales”. La diferencia es que en el caso del ex presidente de Boca Junior, se apela a un ingrediente más en el coctel discursivo para construir al enemigo, su nacionalidad y su situación de inmigrante por motivos de necesidad económica.

Por supuesto, como es evidente que entre las y los reprimidos y afectados por las diferentes formas de represión y violencia existe una mayoritaria población de personas que se rebuscan en todo tipo de trabajos precarios e insalubres el día entero para sobrevivir, la segunda parte del discurso reaccionario es explicar que en realidad son personas “manipuladas por fuerzas oscuras, mafiosas y ocultas” a las que hay que combatir. Los “daños colaterales” de la persecución de unas mafias que no se desmontan nunca hacen sospechar que el objetivo real es controlar a través de persecuciones, encarcelamientos, asesinatos y estigmatizaciones a las organizaciones de empobrecidos que se empeñan en querer subvertir el lugar de indignidad y desamparo que el sistema les ha asignado.

Por todo ello, desde ÁPE PARAGUAY manifestamos:

  1. Nuestro más enérgico repudio al intento de desalojo forzoso y a la estrategia de promoción de la violencia contra las personas inmigrantes por parte del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que produjo como resultado el asesinato de trabajadores paraguayos y bolivianos, y la lesión de decenas de personas.
  2. Nuestra adhesión a las exigencias de los movimientos sociales, en especial los que representan a trabajadoras y trabajadores paraguayos/as y bolivianos/as en Argentina, en la exigencia de enjuiciamiento a Mauricio Macri y sus ministros responsables por sus conductas discriminatorias y su política represiva.
  3. Nuestra solidaridad con las y los compatriotas que en Paraguay y en Argentina son criminalizados por exigir sus derechos elementales, y que incluso en circunstancias tan graves como las ocurridas en torno a la exigencia de viviendas dignas en Villa Soldati, encuentran una mayor defensa de sus derechos en autoridades federales argentinas, que en los principales poderes del Estado paraguayo.
  4. Nuestro repudio a  Isidro Méndez Chávez, presidente de “La Casa Paraguaya de Buenos Aires”, quien se auto-asignó la representación de la Colectividad Paraguaya, acompañó a Macri y trató a las familias del Parque Indoamericando de “manipulados”. Advertimos que esta persona no representa a la Colectividad Paraguaya sino  a la práctica política de Lino Oviedo, el Stronismo y de Orlando Fiorotto. La Casa Paraguaya (1954-1989)es el mayor legado de   dictadura de Stroessner  en su política de control en el exterior en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional.

 

Fuente: www.ea.com.py
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