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La batalla por la identidad estadounidense

Cada mañana los escolares estadounidenses recitan un juramento de lealtad a la bandera que habla de la consagración de su país a Dios. La Corte Suprema rechazó en junio pasado una demanda que buscaba declarar anticonstitucional esa referencia. Cedric Housez, especialista francés en comunicación política, analiza esa polémica que constituye el resultado de un largo proceso de cristianización de la identidad nacional norteamericana, primero lo hicieron ante el «comunismo ateo» y ahora ante el Islam.

El vicepresidente Cheney y el presidente de la Cámara de Representantes prestan el juramento de fidelidad.

La madre de la hija de Michael Newdow tiene como defensor legal al fiscal del caso Clinton-Lewinski, el muy puritano Kenneth Starr. Newdow recibirá incluso amenazas de muerte a causa de su acción y el apoyo de las asociaciones de libre pensadores de Estados Unidos así como de la Anti-Defamation League [12] y los grupos budistas, inquietos ante la interpretación demasiado cristiana de la mención «Under God» del juramento.

 

La guerra de los símbolos

Para cada uno de los grupos rivales lo que está en juego es la definición de la identidad estadounidense.

La cuestión del juramento de fidelidad puede parecer trivial. Los himnos y banderas de una nación son considerados a menudo como algo anodino. Estos son, sin embargo, elementos que participan en la definición de la nación y, retomando la expresión de Gurvitch, los símbolos nacionales «incluyen y excluyen».

Los símbolos o los himnos tienen dos funciones: una función social, que permite a los diferentes miembros de un grupo identificarse entre sí como elementos pertenecientes a una misma comunidad; y una función psico-social, como puntos de referencia que recuerdan al espectador ideas e ideologías que se asocian a ellos.

Esta función psico-social tiene un carácter individual, pero es resultado de la vida social y de la pertenencia a un grupo que dispone de ideas propias y de cierta percepción de su historia. Transformar el discurso alrededor de los símbolos de una comunidad es influenciar la ideología de los que se reconocen en esos símbolos, y transformar los símbolos -o los himnos- proporciona por tanto la posibilidad de definir a través de ellos quién forma parte o no de la comunidad.

El "flag day" en los Estados Unidos.

En el caso de Estados Unidos, definir quién es o no «norteamericano» es una cuestión capital cuando se conoce la importancia de la noción de «no-norteamericano» (unamerican) en las diferentes cacerías de brujas que han tenido lugar en ese país a lo largo del siglo XX [13].

La demanda de Michael Newdow intentaba imponer el respeto de la primera enmienda de la constitución, a la vez que la aceptación de la idea de que los ateos y libre pensadores son miembros plenos de la comunidad nacional, contrariamente a lo que se desprende de la presencia de una referencia a Dios en el juramento de fidelidad.

La mayoría de sus oponentes negaron la pertinencia de ese argumento mediante la utilización de sofismas que afirmaban que no había problemas ya que los ateos no estaban obligados a recitar el juramento de fidelidad. El profesor Samuel Huntington, teórico de la guerra de civilizaciones, fue uno de los pocos que refutaron claramente los argumentos de Michael Newdow en un texto que publicó el Wall Street Journal [14].

Para Huntington, la mención «Under God» debe estar en el juramento de fidelidad porque Estados Unidos es una nación creyente e incluso, por encima de todo, cristiana. Según él, Newdow tiene razón: los ateos no pertenecen a la comunidad nacional estadounidense. Basándose en sondeos recientes concluye incluso que la religiosidad es algo que caracteriza a Estados Unidos dentro del mundo «desarrollado» y que históricamente Estados Unidos ha sido siempre así. Como se trata de una nación religiosa, los que no aceptan esa característica no son más, en el mejor de los casos, que ciudadanos de segunda categoría.

Sin embargo, si bien es indiscutible que Estados Unidos es un Estado donde, contrariamente a los países que tienen un nivel de vida comparable, la religiosidad es fuerte, es falso que eso sea una constante histórica inmutable. En 1910 y 1920, el 43% de los estadounidenses se declaraban miembros de una Iglesia. En 2002, la proporción era de 65%. Durante el siglo XX, se produjo por tanto una recuperación del control de la democracia estadounidense por parte de la religión, lo cual se refleja en las diferentes versiones del juramento de fidelidad.

De los orígenes «socialistas»…

El juramente de fidelidad tiene su origen en un texto escrito por el pastor bautista Francis Bellamy, quien se definía a sí mismo como un «socialista cristiano». En su juramento quiso expresar las ideas de su sobrino Edward Bellamy, autor de exitosas novelas socialistas utópicas como Looking Backward (1888) o Equality (1897). Los sermones de Francis y las novelas de Edward reflejan las mismas ideas: la construcción de una sociedad fundada por la clase media sobre la base de una economía planificada y la igualdad política, económica y social para todos.

El juramento se publicó en el número de septiembre de 1892 de The Youth’s Companion, una publicación de Boston propiedad de Daniel Ford, de quien Francis Bellamy fue asistente personal después de verse obligado a dejar su parroquia a causa del contenido de sus sermones. Encargado también de participar en la organización de las conmemoraciones de los 400 años de la llegada de Cristóbal Colón al continente americano, Francis Bellamy aprovechó para organizar manifestaciones en honor a la bandera con la inclusión de su juramento de fidelidad.

El juramento original decía: «Juro fidelidad a mi bandera y a la República que representa: una nación unida, indivisible, con libertad y justicia para todos» [15].

Ciertos autores estimaron que Bellamy quería mencionar también la igualdad añadiéndola a la libertad y la justicia para todos pero que le impidieron hacerlo los demás miembros del comité encargado de la redacción del texto, quienes se oponían a la igualdad entre hombres y mujeres y entre blancos y negros. Reflejando las inquietudes estadounidenses de su época, el juramento resaltaba entonces la unidad de la nación ya que los recuerdos de la guerra civil estaban frescos aún.

El juramento adquirió nuevamente notoriedad en los años 20. Ante una importante ola de inmigrantes, Estados Unidos asistió a un recrudecimiento de los movimientos que reclamaban una «americanización» de la gente que llegaba a su territorio, movimientos entre los cuales se encontraba el Ku Klux Klan.

En algunos Estados se obligó a los escolares a recitar el juramento de fidelidad ante la bandera, pero este fue modificado el 14 de junio de 1923 y -en la misma fecha- en 1924, en el marco del Flag Day. La expresión «mi bandera» se transformó primeramente en «la bandera de Estados Unidos» y después en «la bandera de Estados Unidos de América» [16].

Esas modificaciones tenían como objetivo impedir que los hijos de inmigrantes lo recitaran pensando en la bandera de sus países natales o, algo que podía ser peor aún en aquella primera época de «cacería de rojos», en la bandera roja del comunismo o en la bandera negra del anarquismo. Bellamy expresó su desacuerdo, pero el juramento se hizo cada vez más popular y acabó convirtiéndose en un himno oficial el 22 de junio de 1942. Se cambió, sin embargo, el saludo a la bandera, con el brazo derecho y la mano extendidos, demasiado parecido al saludo nazi, y se substituyó por la mano sobre el corazón que se inspiraba en el ritual francomasónico.

En aquella época, el juramento de fidelidad no contiene aún ninguna referencia religiosa pero, paralelamente a la primera ola de anticomunismo y a la retórica de Woodrow Wilson, un discurso cristianizante se va a desarrollar en Estados Unidos.

En 1931, en el momento del fallo de la Corte Suprema sobre el caso United States vs. Macintosh, la corte declara: «Somos un pueblo cristiano». Sin embargo, las mentes no estarán realmente listas para aceptar la adaptación del texto a la referencia religiosa hasta la época de la Guerra Fría.

… a un texto contra el «comunismo ateo»

Los años 50 son considerados hoy en Estados Unidos como los «happy days» de la historia estadounidense, el paréntesis entre la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Vietnam. Sin embargo, es la época de la guerra de Corea, del maccarthysmo y del desarrollo del complejo militaro-industrial que acabará por inquietar al propio Eisenhower. Es también un periodo durante el cual va a ocurrir una cristianización del discurso político.

Elegido presidente en 1952, Eisenhower tendrá una influencia determinante en esta cristianización del discurso. Él se place en afirmar que «nuestra forma de gobierno no tiene sentido a menos que esté basada en una fe religiosa profunda, sea cual sea». Evacuando el viejo debate sobre las intenciones de los «padres fundadores» de la constitución estadounidense en cuanto a la religión, afirma:

«Aunque el gobierno libre no estuviese basado originalmente en una forma de fe religiosa profunda, los hombres deberían tratar entonces de fundar una religión que resalte el altruismo, la cooperación y la igualdad de los hombres» [17].

Eisenhower plantea su presidencia como una gran cruzada a favor de la religión y el altruismo. Ese discurso religioso va acompañado de llamados constantes a recordar la amenaza comunista, tanto exterior como interna. Para él, sin embargo, la gran diferencia entre la URSS y Estados Unidos es la creencia en Dios. Mediante sus discursos, Eisenhower logra convencer a una población aterrorizada por la amenaza nuclear soviética -amenaza que él mismo se complace en recordar en cada uno de sus discursos- de que Dios está del lado de Estados Unidos y lo hace mediante el uso de las formas retóricas provenientes del discurso apocalíptico cristiano.

Con sus discursos Eisenhower no hace, en realidad, más que retomar una tendencia en desarrollo desde que Harry Truman anunció el fin del monopolio nuclear estadounidense, tendencia cuyo principal vocero es el joven predicador Billy Graham. Este predicador carismático, que será más tarde el director de conciencia de Ronald Reagan y George W. Bush (hijo), comenzaba entonces a hacerse célebre gracias a sus lazos con Randolph Hearst y Cecil B. De Mille [18], quienes garantizaron su notoriedad.

Graham pronunciaba ya en aquel entonces discursos encendidos y apocalípticos sobre la lucha a muerte entre la Norteamérica cristiana y el comunismo ateo [19], referencia que aparece también en el discurso que hizo célebre a Joseph McCarthy.

Al mismo tiempo la Iglesia católica desarrolla una condena del comunismo en términos parecidos. En realidad, el Vaticano había condenado esa ideología desde 1894 y la encíclica Nostis et Nobiscum, redactada al año siguiente de la redacción del Manifiesto comunista de Marx. En 1949, Pío XII -que nunca excomulgó a ningún nazi, ni siquiera después del descubrimiento de los campos de exterminio- excomulga a todo católico que elogie los principios comunistas.

En Estados Unidos, a principios de los años 50, el cardenal Francis Spellman apoya las medidas de McCarthy en los programes de radio de los Caballeros de Colón.

Los Caballeros de Colón reúnen a la burguesía católica de diferentes países de América del Norte.

El emblema de los Caballeros de Colón.

Fundada el 2 de octubre de 1881 por el padre Michael J. McGivney alrededor de algunos fieles de Connecticut, esta organización cuenta actualmente 12,000 consejos que reúnen 1,6 millones de miembros a través del mundo. Sin embargo, hay que tomar con cuidado esas cifras en la medida en que la organización fue concebida como una caja de seguro de vejez y enfermedad para los miembros del clero católico y se convirtió más tarde en un seguro de vida para los católicos que cotizaban a ella.

La organización mantuvo su acción mutualista y los 1,6 millones de miembros que cuenta hoy son en realidad personas que pagan un seguro pero que no tienen ningún peso dentro de la organización y que no profesan necesariamente la ideología de esta. En cambio, para ser Caballero de Colón y miembro de la jerarquía de la organización hay que ser obligatoriamente miembro de la alta burguesía católica.

Los dignatarios de la organización han predicado siempre una lectura reaccionaria del dogma. Actualmente, los Caballeros de Colón utilizan sus fondos para prestar apoyo a los programas antiaborto y a las acciones diplomáticas de la Santa Sede, entre ellas a su representación en la ONU. En los años 50, los Caballeros de Colón jugarán un papel decisivo en la adopción de la mención «Under God» por parte del Congreso.

El 22 de abril de 1951, el consejo de administración de los Caballeros de Colón adopta una resolución que enmienda el juramento de fidelidad y agrega «Under God» al juramento que se recita al inicio de sus reuniones. Entre abril y mayo de 1952, los Caballeros de Colón de la Florida, de Dakota del Sur, de New York y de Michigan adoptan resoluciones en las que recomiendan que el Congreso modifique oficialmente el juramento de fidelidad y lanzan peticiones en ese sentido.

El 22 de agosto, el Consejo Supremo de la organización adopta esa posición y envía copias del texto al presidente de Estados Unidos (aún Harry Truman) y al vicepresidente, en su condición de presidente del Senado, así como al presidente de la Cámara de Representantes. La operación se repite en agosto de 1953 con el envío, esta vez a todos los miembros del Congreso, de textos que piden la introducción de la mención «Under God». La campaña comienza a encontrar apoyo entre los congresistas.

El 7 de febrero de 1954, Eisenhower y su esposa asisten a un templo presbiteriano de Washington, por recomendación de Billy Graham [20], en momentos en que el reverendo George M. Docherty pronuncia un sermón sobre el juramento de fidelidad.

Docherty declara: «Lo que falta es la característica y el factor que definen el modo de vida norteamericano. Exceptuando la mención ‘Estados Unidos de América’, podría ser el juramento de cualquier república. En realidad, me imagino que los niños de Moscú podrían recitar un juramento similar con el mismo fervor. Rusia es también una república que pretende haber derrocado la tiranía de la monarquía. Rusia también se dice indivisible.» Concluye por tanto que, aunque algunos ateos estadounidenses «honestos» se sientan quizás heridos, «un ateo norteamericano es una contradicción terminológica» [21].

George Docherty y Dwight Eisenhower.

Docherty es también el pastor de numerosos congresistas y, rápidamente, 17 proposiciones son presentadas al Congreso, aunque es el representante demócrata de Michigan, Louis C. Rabaut -católico- quien quedará como el autor de la primera.

La inclusión de la mención «Under God» será aceptada por unanimidad en ambas cámaras. El subcomité del Senado para enmiendas constitucionales rechazará sin embargo la proposición de Ralph Flanders, senador republicano de Vermont, que pide que la ley y la constitución estadounidenses reconozcan explícitamente la autoridad de Jesucristo.

Eisenhower firmará el decreto que modifica la formulación del juramento de fidelidad el 14 de junio de 1954 -el día de la bandera-, 30 años día por día después de la anterior modificación del texto, impulsada por la extrema derecha estadounidense. El 17 de agosto de 1954, en un mensaje al Caballero Supremo de la Orden de los Caballeros de Colón, Luke E. Hart, en ocasión del Consejo Supremo de la organización organizado en Louisville, Eisenhower reconoció a la Orden la paternidad de la reforma.

En 1956, la frase «En Dios confiamos» («In God We Trust»), incluida ya en los dólares estadounidenses, se convirtió en la divisa oficial de Estados Unidos. Las Iglesias católica y protestantes estadounidenses completaban así el desvío de los símbolos nacionales del país, reforzando a la vez el vínculo entre nacionalidad estadounidense y creencia religiosa.

Un texto útil en la «guerra de civilizaciones»

Los movimientos de libre pensadores ponen hoy este desvío en tela de juicio precisamente en momentos en que la administración Bush utiliza los mismos argumentos retóricos que la administración Eisenhower. Bush, al igual que Eisenhower, desarrolla la imagen de una nación en peligro que debe tomar a Dios como referencia ante la proximidad de la Apocalipsis.

El 17 de febrero de 1955, el teólogo judío Hill Herberg afirmó que Eisenhower se presentaba como «no solamente el dirigente político sino también como el dirigente espiritual de nuestra época» [22], lo cual podría aplicarse también a George W. Bush, quien no deja pasar ocasión alguna de exagerar la amenaza contre Estados Unidos para apelar seguidamente a la devoción religiosa y recordar el lugar cimero que ocupa Estados Unidos entre las naciones.

Al final de su vida, en su autobiografía, el propio reverendo George M. Docherty lanzó una alerta sobre los excesos a los que podía dar lugar la asociación de Estados Unidos con Dios. Refiriéndose a la inclusión de la mención «Under God» en el juramento de fidelidad, escribió: «Sigo considerando válido mi argumento, pero es posible que el tiempo haya convertido mis argumentos filosóficos en razones no pertinentes habida cuenta de los grandes problemas en juego.

Un patriotismo falso nació de la amenaza fantasiosa de la expansión comunista. El mccarthysmo ensombreció las ondas radiales, los superpatriotas no se preguntaban ya si de verdad estaban del lado de Dios sino que afirmaban que Dios estaba del lado de ellos. En su versión actual, el nuevo juramento de fidelidad ha servido de apoyo a la religión civil que caracterizó al cristianismo institucional de los años 50.» [23].

Hoy en día, no solamente la administración Bush dice conducir su política exterior según los preceptos divinos y planes de Dios para el mundo [24] sino que hasta la propia democracia estadounidense es puesta en duda por quienes dicen hablar en nombre de Dios.

El 2 de enero de 2004, el reverendo Pat Robertson declaraba que Dios haría ganar la elección presidencial de 2004 a George W. Bush porque «Dios le ha dado su bendición. Quiero decir que él puede cometer errores terribles y salir del apuro. Poco importa lo que haga, bien o mal. Dios lo apoya porque es un hombre piadoso y Dios lo bendice.» [25].

Por: Cedric Housez

Fuente: www.voltairenet.org
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